Tras la muerte de mi suegro, preocupada por mi suegra que se había quedado sola, decidí junto a mi esposo que nos mudaríamos los tres juntos. Pensaba que nos llevaríamos bien, pero poco a poco empezó a criticar cada detalle de mis tareas del hogar y, sin darme cuenta, entre nosotras se había establecido una sutil relación de dominación. Un día, me ordenó tocar el piano diciendo que era torpe. Mientras me enseñaba desde detrás, colocando sus manos sobre las mías, empecé a sentir una proximidad incómoda y antinatural por parte de mi suegra...