Últimamente, Shiori, mi hijastra, apenas prueba bocado cuando comemos juntas y se retira enseguida a su habitación. Preocupada, decido observarla discretamente y descubro que, sentada frente a su escritorio, se acaricia torpemente entre las piernas, moviendo las caderas con deseo. Al verla, me dejo llevar por el impulso y acabo tocándome sin poder evitarlo. Días después, aunque soy consciente de lo inmoral de mis actos, no puedo resistirme y me acerco al baño mientras Shiori se está bañando...